El borde de la cereza

– ¡Fíjate bien! Estamos buscando el borde de la cereza.

– Veo su pequeño cuerpo. Veo su herida de donde tiro del rabo para comerla cuando la muerdo. Pero no sabría decirte. El borde… Quizá no lo tenga. El hueso escupido, como sangrando. Tirado en el plato, el hueso sangra. No rueda.

– Te has comido el borde, aunque no te hayas dado cuenta. El borde de la cereza, que esta noche en blanco no te desvela. Borde redondo, como este cuento que no responde e interroga. Ya no lo verás: mañana habrá fresas.

cerezas

Published in: on 21 junio 2015 at 3:49 PM  Dejar un comentario  
Tags: ,

Cuando acaba el día

Hay sueños que no se cumplen

Cielos que no se alcanzan

Pero cuando acaba el día

Rotundo, tirano, implacable

Y se rompen las cadenas

Y se duermen las entrañas

Las sombras se desentienden

Y sólo queda un camino:

Entonces puedo verte.

Ya no mienten tus ojos

Despiadados, impertinentes

Cuando atándome me miran.

Soñaré que no me olvidas

Cuando meces como miras

Cuando callas como callas

Porque al este del tiempo

Tu luz me va alcanzando

Y se aviva el tormento

De que llegue el nuevo día

Otra vez esperando.

escanear0006

Cristina Belló – febrero de 2014

Published in: on 28 febrero 2014 at 10:02 PM  Dejar un comentario  

El tiempo de estar

 

De todas las luces

Más bella tu sombra

Me basta tu luna

Clara como el sol.

 

Cubre tus ojos

Que yo no los vea.

Susurra tan quieto

Que no pueda oír.

 

Y no digas nada.

Tu estar se prolonga.

Espacio de tiempo,

Tu tiempo de estar.

 

Largo como el beso

De peces suspendidos

Un silencio lento

Que detiene el tiempo

De fluir.

 

De todos los sueños

Más ancha tu calle

Más firme tu paso

Más dulce tu amor.

 

Frena la corriente

Por saltos y meandros

Para que no sienta

Los corales blancos

Romper nuestro río.

 

Sólo quiero tu cadencia.

Lo más parecido

A estar a tu lado

Es el río manso

Implorado, aguardado

Como tú.

 

De todos los mares

Tu beso es más largo

Tu bosque más firme

Más cálidas son tus manos.

 

De todas las cosas

El ritmo del tiempo

Que encierra tu verso

Estando en tus brazos

Sabiendo que estás.

 

Como río somos:

Tú mi agua,

Yo tu arena.

Nada más.

 

Y tu beso aplicado,

Espacio en el tiempo

Sabiendo que besa

Sin hablar

El tiempo de estar.

Cristina Belló – febrero de 2014

IMGP4410

Published in: on 2 febrero 2014 at 9:57 PM  Comments (1)  

Dime que no

Dime que no es fuego
Lo que me ha quemado
Que no es adoración,
Delirio, ni prodigio.
Que sólo son rosas
Naciendo de tus dedos
Mientras me acaricias.
 
Dime que no hay llama
Que prende mi cuerpo
En cada palabra
Que tú pronuncias.
Será lo que no nombras
Que escucho en tus comas.
Será lo que me arrancas
Por lo que desvarío
Delicias.
 
Sabes que recojo
Cada gesto tuyo.
De ti cada susurro
Que en mí se precipita.
Sabes que respiro
Toda tu presencia
Inmensa, colosal,
Que emanas
Infinita.
 
Será por cómo brota
La voz de tu garganta
Que ya no seré dueña
Del tiempo que existe.
Todo pasa por ti:
La luz, el amor,
La hiedra.
 
Dime que no es jazmín
Lo que perfuma tu nuca.
Dime que lo he soñado,
Dime que me equivoco.
Y si acaso fuera cierto,
Cíñeme a tu cuerpo,
Átame a tu eco
Que todo lo ilumina
Para que grite al cielo:
“¡Quiéreme tanto!”
 
Y entre tanto
Dime, mi vida,
Que no había fuego,
Que no estaba en llamas
Mi alma encendida.
 
No importa que calles.
Si todo se quiebra
La noria gira
Cuando me miras.
Y dime que no.

 

  Cristina Belló – enero de 2014

estrella

Published in: on 6 enero 2014 at 5:55 PM  Dejar un comentario  

Cinco palabras

Me llevo la sonrisa

Que tú me has regalado,

Ajena a tus labios,

Nacida en tus ojos.

La poso en la pulpa

De un libro sin texto,

De poemas no escritos

Y menos recitados.

Escribo tu sonrisa,

Callada, entregada,

Que ha cuajado en canto

Más que en sonido.

La grabo en el papel

Atando tu mirada

Como pájaro dócil

Aguardando en el nido.

Te robo dos palabras

Que dicen “yo también”.

Y con trémulos dedos

Aferro la pluma,

Y al cándido tacto,

El pliego antes blanco

Recibe la tinta

Que amor le susurra.

Después me entregaste

Un dulce “poco a poco”.

Tu voz juega conmigo

Lo dicho y lo no dicho.

Dibujo la frase

En la tercera hoja,

Para anclarla en la brisa

De tu sonrisa.

Y algo de ti

Provoca el canto

Del obediente pájaro.

Y crecen ramas

Que pongo al viento.

Y tus palabras

“yo también”, “poco a poco”,

Se te salen del pecho

Y en ellas se enganchan.

Y las mece el tiempo.

En la cuarta página

Podría decir “fin”

Para cerrar el libro

Y que nada se escape.

Palabra que no voy a escribir.

Por eso en lugar de un punto

Te pongo a ti

 Cristina Belló – diciembre de 2013

IMGP4305

Published in: on 31 diciembre 2013 at 5:12 PM  Dejar un comentario  

Deseo (o Espiral)

Te enredas

Algo empieza y no termina

Germina.

Te vuelves

Escapas, te pierdes

Te giras

Y vuelves

Y nadie te mira.

Un gesto:

Caricia en el viento

Que envuelves.

Palabra muda,

Brasa en el vientre.

Te mientes.

Espina, puñal,

Corriente tenaz, irreverente.

Rubor creciente, locura.

Lágrima ardiente

Que te derrite

Que te derriba.

Temor. Deseo.

Te miras:

Golpe de amor

Llega la vida.

Cristina Belló – diciembre de 2013

imgp2859

Published in: on 23 diciembre 2013 at 1:52 PM  Dejar un comentario  

El trato

Cinco de la tarde. Consulta de neurología. El doctor hace pasar a Marina. La invita a sentarse.

—Me temo que no son buenas noticias…; hay que luchar; tenemos una posibilidad…

Marina deja de escuchar. Se le nubla la vista. Enmudece.

—Si tan sólo…—añade el doctor— Ella levanta la mirada. —Si tuviéramos un artilugio lo bastante pequeño como para recorrer los surcos del cerebro, capaz de tomar curvas en las cisuras y trepar por las circunvoluciones…—

A Marina se le abrió el cielo. —Entonces, doctor, ¡estoy salvada! Ocúpese de la diminuta bicicleta que yo me encargo de encoger al ciclista.

Cristina Belló – julio de 2013

(versión breve para concurso microrrelatos ventana del verano cadena SER – Tema: las bicicletas)

Published in: on 23 diciembre 2013 at 1:37 PM  Dejar un comentario  

El vestido

De todas las señales que había recibido, aquella fue, sin duda, la definitiva; porque conforme había ido transcurriendo la semana, ella percibió la música en sus ojos y, más tarde, sospechó unos leves movimientos bajo la piel masculina que bien podían indicar aleteo de pájaros recorriendo sus venas cuando la miraba.

Supo que él la llevaría cuando no pudo evitar, hoy por fin, apreciar en sus propios labios un sabor violento a miel que desbordaba. Sólo entonces se planchó el vestido para la fiesta y se sentó a esperar que viniera a recogerla.

Cristina Belló – julio de 2013

(versión para concurso microrrelatos ventana del verano cadena SER – Tema: las fiestas)

IMGP0012

Published in: on 22 diciembre 2013 at 5:41 PM  Dejar un comentario  

El encargo

Cuando cojas el papel dormido sobre la mesa, procura que no sienta nada cuando roces su carne inerte; que no vea que envuelves un rayo de luz en cada pliegue; que sus dobleces no arropen el viento de tu aliento ni sus ruedas la emoción de tu latido; que no aprenda el motor a rugir con el pulso de tus yemas.

Para que, cuando hayas terminado la figura huela a cuero y carretera; que se te quiera escapar pero que no se mueva.

Así podrás colocarla junto a las otras motos de papel que te han encargado para el escaparate.

Cristina Belló – julio de 2013

(versión breve para concurso microrrelatos ventana del verano cadena SER)

Published in: on 22 diciembre 2013 at 5:35 PM  Dejar un comentario  

El pez

Un hombre. Una playa. Un pez.

Detrás, un bosque. Del hombre. Detrás del hombre. No de la playa.

Está dormido. El hombre. No el pez.

Por eso, no me puede ver. El hombre, digo.

El pez agita los brazos. Creo que se llaman aletas, los brazos del pez.

Y hay una playa y un bosque.

Te gustaría mirarle a los ojos. Al hombre que mira al pez.

Pero está dormido. El hombre.

Si pudiera, miraría. Miraría al pez, el hombre. En la playa, con el bosque al fondo, detrás de él.

Y tú pasarías. Y lo mirarías. Al hombre. A sus ojos. No al pez.

Y verías que está llorando. O llamando, que es lo mismo.

Delante del bosque, azul de mar; donde hay un pez, cansado de ver que el hombre te busca, te llama, y tú no lo ves.

Cristina Belló – agosto de 2013

IMGP2452

Published in: on 22 diciembre 2013 at 5:28 PM  Dejar un comentario  

Reverberaciones

Cuando no estás

A veces te invento

Sueño tu boca

Tu dulce beso

Tu amable cuerpo

Tu peso.

Y tus manos, marea loca

A voces en mi piel.

La noche es blanca, sin fin

Mordiendo con el hambre

Tu voz que me aprendo

Tu amor que me bebo

Piel contra piel.

La luz no pasa entre nosotros

Pegados como anoche

El mar mana de tus ojos

Mi piel revienta en tu piel.

Y si te vas me apagas

Y lloro hacia adentro

Si no te invento

Cuando no estás.

Cristina Belló – diciembre de 2013

IMGP2675

Published in: on 22 diciembre 2013 at 5:19 PM  Dejar un comentario  

El último papel

Cuenta la leyenda que había un hombre que acostumbraba a llorar cuando no tenía papel a su alcance. No importaba que éste fuera viejo, que estuviera sucio o arrugado, que fuera pequeño.

Cuentan que en tantos años como tenía, ni un solo día había dejado de plegar. Ni una sola tarde, ni una sola mañana. O de soñar que plegaba, si en realidad no lo hacía. Y cada noche pensaba que a la mañana siguiente, después de desayunar, iba a plegar otro cuento, otra historia, tal vez al menos otra figura.

Y cuentan que llegó un día en que no dormía cuando ya era de noche, aunque él le decía a su mujer que eran las aves del cielo que querían engañarlo ocultándole el sol con sus alas en vuelo para que pensara que tenía que ir a descansar.

Cuentan también que una mañana en que no encontró papel, ni hojas de periódico, ni tickets de compra, ni etiquetas de envases, se dispuso a arrancar varias páginas de un libro para seguir creando. Y que así varias veces, acabó por tener tan sólo tapas en su biblioteca. Y que cuando aquellas páginas se hubieron terminado, empezó a meter la mano en todos los buzones, y sacó la propaganda y luego las cartas. Y plegó con los sobres y también con los sellos. Y que cuando ya no vino el cartero buscó en su bolsillo y encontró un billete y sin dudarlo lo plegó e inventó otra historia.

Pronto sería Navidad, y a él le gustaba regalar figuras. Y los niños que lo habían visto plegar cada día, a través de la verja del patio del colegio a la hora del recreo le guardaban el envoltorio de sus bocadillos, no sin antes formar algunas migas de papel con un pedacito para que así los pájaros vinieran a comerlas y dejaran tranquilo al hombre mientras plegaba y plegaba, cada día una figura, a cuál más impresionante. Y cuando no quedó más papel sacaron los cuadernos de sus mochilas y se los dieron al hombre que seguía doblando y dando vida a patos y ranas y trenes y flores.

Y un día hubo un ruido fuerte, como de alas grandes y una nube espesa, de gotas de agua azul, de lluvia fría de invierno, fue impregnando y luego empapando los patos, las ranas, los trenes, las flores, que se iban deshaciendo sin remedio. Y entonces los niños llamaron a sus madres para que sacaran barreños y éstos no bastaron para recoger tanta pasta. Y llamaron a los porteros que salieron corriendo de sus porterías y a los vecinos que vocearon por el patio que vinieran todos a ayudar porque era el último papel. Y todos a la vez se estremecieron. Y se juraron que nunca iban a dejar de tenderlo y ponerlo a secar.

Entonces los pájaros los vieron tan atareados que quisieron ayudar a que el hombre pudiera seguir regalando sus figuras en aquella época del año y se les ocurrió que podían pactar con el cielo.

Y tal vez haya sido así, porque desde entonces nievan copos de papel en Navidad.

migas pan

Cristina Belló – Diciembre de 2013

Published in: on 14 diciembre 2013 at 6:57 PM  Comments (1)  
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.