Mi hijo está en las nubes
Cuando nos llaman a consulta, algunos padres se expresan de la siguiente forma:
- “Mi hijo está en las nubes”
- “Dice el profesor que no presta atención, que va a lo suyo”
- “Está “empanado”"
- “Hace bien lo que le interesa, pero si no le gusta tarda horas…”
- “Me desquicia a la hora de los deberes. Yo creo que nos está tomando el pulso”
- “Ya hemos probado todo: el castigo, los premios… No hay nada que hacer.”
- “Se distrae con una mosca”
- “Tonto no es, porque cuando quiere, saca buenas notas”
- “Dice que se aburre mucho en el colegio”
Muchos han observado al niño, han intentado comprender cuál es el problema. También han comparado con los compañeros, con los hermanos, sin querer comparar, claro está, porque todos somos diferentes. Además, puede que el profesor, a estas alturas de curso (¡que acaba de empezar, pero es mejor no pillar desprevenido!), ya haya escrito alguna nota en su cuaderno: “no trabaja lo suficiente”, “no se esfuerza”, “debe mejorar”… o incluso haya citado a los padres. Éstos, por su parte, empiezan a preocuparse: “otro año de lo mismo, y eso que acabó aprobando, pero rapado. Bueno, es pronto todavía. Puede recuperar y ponerse al día, pero hay que trabajar”, lo que traducido al lenguaje de algunos significa ponerse con la tierna criatura a hacer los deberes, a controlar cada ejercicio, “a ver qué remedio, si esto no nos lo quita nadie”. Además han oído últimamente en la radio ese programa donde hablaban de déficit de atención, que a veces pasa desapercibido. A lo mejor va a ser eso…
Dependiendo de los días, de las tareas, de las primeras notas, los padres van oscilando entre “ves, no pasaba nada” y “pues a ver si va a tener algo”. Preguntan a otros padres para intercambiar experiencias: “al mío le fue muy bien esto y lo otro…” “¿Seremos muy duros en casa, o muy blandos, o desorganizados? (pero también lo son esos otros y su hijo no tiene un problema así)”
Lo que estoy contando aquí es sólo un ejemplo entre otros muchos posibles, que nadie se vaya a pensar. Lo que sí es cierto es que tras estas expresiones, bastante “estándar”, se pueden esconder realidades muy diferentes:
- un niño/a con déficit de atención
- un niño/a superdotado/a
- un niño/a con dificultades viso-perceptivas
- un niño/a inmaduro/a
- un niño/a con lateralidad cruzada o mal definida
- un niño/a con depresión
- un niño/a manipulador
- un mal sistema de enseñanza
- unos padres sobreprotectores/autoritarios
y un largo etcétera con el que no es mi propósito aburrir.
Todo esto me parece muy interesante.Ojalá en mis tiempos hubiesemos tenido estas facilidades.!Cuantas frustraciones nos habríamos ahorrado¡ desde aquí le doy las gracias por el enorme interés que se percibe en sus talleres parece muy adecuado y a la vez ameno para que los niños vayan entrando en el duro aprendizaje de la vida.